El Día de la Prueba

 

 

 

Día negro y húmedo era aquel que entristecía las zonas perdidas donde una vez resonaban nuestros cantos. A través de las gotas de la ventana y bajo la oscuridad de la tarde nublada, vimos ella y yo, una personita mojada y cansada, que cubriendo su cabeza con un gorrito blanco, caminaba apurada bajo la lluvia y nos hacía señas con su mano saludándonos. El autobús arrancó.

Oh, mujer hermosa que te llevé tantas veces a tu refugio, allá donde casi nadie llega, sin tener con que regresar… cuánto daño a mi espíritu le causaste.

Oh, niña dulce que la reemplazaste, ya empezabas a entrar en mi mente.

 

 

 

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El amor se hace: bien por “casualidad”, bien por “causalidad”.

Con asombro y sin terminar de creerlo la observé disfrutar días enteros entre montañas y lagunas, montes y árboles, algo teóricamente imposible en una mujer joven de esta época.

Entre el pardo de los troncos rústicos de pino y sobre el alto suelo perfumado por la alfombra ocre de hojas muertas, rozamos nuestros labios por primera vez.

Ambos sonreímos y seguimos lo ya empezado.

 

 

 

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Pocos días después se cumplieron los seis meses dados por el maestro para presentar la prueba de admisión a la Escuela Hermética de Alta Magia. Esta prueba solo la podríamos presentar los miembros de la Escuela Esotérica de Alta Magia. Como ya había perdido todo contacto con mi guía no sabía donde sería tal prueba. Gracias a que mi nueva pareja me motivó a retomar disciplina, no tuve problemas para informarme de esto en el mundo de los sueños.

Entre los altos árboles y a la orilla de un río llano y brillante, vi a los seis que junto a mi presentarían la gran prueba. Con ellos, aquel que debiendo repudiarme, me recibió con un abrazo. Sin embargo era obvio que los demás hubiesen preferido que no llegara y no los culpo pues rompí casi todas las reglas de la Escuela.

El dijo: “Recuerden que nos vemos mañana en la dirección que les di, y de allí nadie sale sino hasta que se cumplan los siete días de la prueba”.

Pero que injusticia! Se les avisó a todos menos a mí! Mañana será el maldito retiro y no tengo nada, ni un bolívar!

Al notar mi preocupación y mi tentación de mandarlos al diablo, el buen maestro me replicó: “Recuerde que cuando uno quiere algo, lo consigue. Si no va, es porque no quiere, pues no se le está negando el Pan”. Ese fue el momento más ambiguo de mi vida. Por un lado me alegré ya que no perdería la prueba, pero por otro lado no soportaba pensar que cada bocado que a mi boca llevara, sería por caridad de quienes hubiesen preferido que yo no fuese.

Al día siguiente y para sorpresa de todos, me aparecí sudando pues arrastraba bolsas de comida, almohadas, colchonetas y cobijas.

Por cierto, la casa donde nos reuniríamos quedaba a pasos de la casa de mi ex novia.

 

 

 

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Entre inciensos y velas entre en el humilde refugio. Las pruebas requerían ciertas condiciones y esta vez, una casa era mejor opción que un refugio al aire libre.

El sabio nos dio la bienvenida con un exótico banquete, colmado de frutas y semillas bañadas en leche y miel, vinos y dulces.

Él dijo: “Ustedes que han visto y han sabido callar, ahora les tocará hablar. Por ello deben estar preparados para soportar la respuesta del mundo. No obstante, nunca harán exhibiciones y harán alarde de sus dotes.

Estén alerta pues fuerzas malignas merodean este sitio, aquí y ahora. Buscan llevarlos al fracaso. Yo mismo los he traído. He aquí, en acción y practica, el misterio de Lucifer, dador de Luz. La prueba ha comenzado. El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga”.

Y si que había comenzado. Justo en frente de mí vi la peor tentación e incitación a la violencia: el entonces actual novio de quien usted ya se imagina, a quien llamaré en adelante “el imbécil”. También era mago y me causó repulsión desde el momento que lo vi pues nunca creí en la casualidad de su relación con ella. Creo que la deseaba desde que estaba conmigo. Pero el imbécil no se daba cuenta de mi desprecio por él y se me acercaba más allá de su zona segura.

La primera prueba fue conseguir, esa noche, un desdoblamiento astral a voluntad y con plena conciencia. “¿Como espera que me concentre durmiendo a pasos de este imbécil?. Lo único que tengo en mente es levantarme y demolerlo a patadas,” pensaba en mi rincón. Me dormí con eso en mente.

Como si algo bochornoso azotara la vergüenza de mis condiscípulos y como si la decepción golpeara contra la rectitud del maestro, así mismo los vi a todos al amanecer.

“¿Por encima vez! quien pudo lograrlo!?”, con indignación preguntaba el sabio.

“¿Cómo hubiese podido?”, repliqué mientras me levantaba de la mesa.

Tras una hora, nos reunió a todos en el patio y dijo: “La prueba se extiende un día mas. Esta noche tendrán la última oportunidad de pasar la primera prueba. Quien falle, tendrá una de las pruebas perdidas. Tendrán una nueva oportunidad, sin embargo esta vez será mucho más difícil.”

Y si que lo sería! Esa tarde, el imbécil, se me acercó llorando diciéndome que “su novia” – maldita sea! – lo había dejado! Empezó a contarme su desgracia con lujos y detalles: los momentos que vivieron, los besos que se dieron, sus momentos de intimidad, y un inmenso etcétera.

“Esta noche cumpliré con tarea, y mañana las pruebas las pondré yo”, pensé en ese dulce momento.

Ese día preparé mi cuerpo físico y me concentre para la noche.

Cuando ya los rayos de la luna despertaban a mi lobo interno, me aparté del grupo y fui a un rincón. Con el canto de los grillos me adormecí e inicie mi recorrido hacia los misterios de la oscura soledad.

 

 

 

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En horas de la madrugada llego la Magia. Como un sonido metálico que se acerca hasta reventar los tímpanos, escuche el despertar de mi cuerpo astral y cuando tal sonido se asimiló al canto de los grillos que me adormecieron, entonces me levanté de mi lecho libre de todo peso, libre de mi cuerpo físico. “Es hora de probar al Maestro”, me dije saliendo de la casa.

Fui directo a la recámara donde dormía armoniosa la doncella. Envuelta en sus sabanas, respiraba en éxtasis de sueño, como si sintiera mi presencia.

“Sabes lo mucho que te quiero. Si te dejé lo hice porque nuestros mundos son incompatibles. Más tarde vendrá mi maestro a ordenarte que regreses con con aquel a quien no quieres. Óyeme bien, no le obedecerás. Buscaras un verdadero amor pero por ti misma.”

A la mañana siguiente nos reunimos a discutir los resultados, mientras desayunábamos.

“Quien lo logró? Preguntó sin ni siquiera mirarnos, mientras se servía el pan y el queso. Yo no le respondí esperando que lo supiera.

“Se quedan dormidos como cochinos, tal cual humanoides intelectuales comúnes. Y aun así quieren poderes. Son unos negligentes incapaces, no son dignos de portar la insignia de la magia, de poseer los Misterios Mayores. Ni siquiera son dignos de sus vidas!”, nos dijo.

“Es evidente que la criaturita tampoco se desdobló anoche, o bien, lo hizo y se fue de paseo”, pensé.

“Maestro, yo lo logré anoche, como todas las noches excepto las noches que no quiero”, repliqué.

“Si lo vi pero eso no sirvió de nada”, respondió.

“creo que usted no se desdobló y miente”, dije.

“Usted hizo uso ilícito de sus poderes y con un nivel bajo de consciencia: me juzgó por algo que no hice en la dimensión donde toda verdad se puede ver, estuve a su lado cuando hipnotizaba a esa joven y no me pudo ver. Ese desdoblamiento no sirve. No obstante usted es el único que no tiene esta prueba reprobada porque me consta que domina el poder de astralización aunque anoche no lo hizo bien a causa del rencor que le dominaba”, dijo.

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