Mi Caída en el Valle de Lagrimas.



Por aquella puerta, con sus cabellos lacios y la mirada en su reloj, la joven por la que hubiera vendido mi alma, saliendo del almacén, volvió su mirada indiferente a mí, y frente a ella me detuve.


Entonces recordé que la había visto entre los cientos de jóvenes que mandé de vuelta a sus casas. Pero ella había crecido my rápido.


Me presenté y me reconoció. Mi corazón palpitaba tan fuerte que sospecho que lo oyó. Me entregó un boleto al cielo: un papelito rosado con su número telefónico.


Comenzamos a salir y al poco tiempo le pedí al maestro que le enseñara conmigo. Las cosas nunca fueron iguales. Mi aprendizaje se detuvo.


No lo volví a encontrar en los campos de prácticas. Solo las hojas secas movidas por el viento y la sombra de arboles viejos y tristes, me recibían.


Así, mientras en mi se encendía el fuego de la pasión, se apagaba la llamita luminosa del espíritu.
Un nuevo Aire penetraba en mí. Su olor era como de labial juvenil, como de cabello recién lavado, como de manos perfumadas. Ya no era el olor de las montañas y bosques.


Tal como podéis ver, el arma más poderosa del enemigo es el engaño y la fascinación.


Día a día, paseo tras paseo con ella, me alejé de mi mismo y me entregue a la rutina. Vicios, licor, materialismo, todo lo necesario para mantener feliz a una mujer bella amante del mundo material.

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