Mis Primeras Lecciones de Magia.


Mi primera lección fue durante la construcción del templo.

Comprendí que todo lo creado se puede transmutar y crear todo lo increado, con esa maravillosa energía hija de la inspiración y el deseo: voluntad, el zigoto de la magia.

La voluntad nos convierte en veloces aprendices, en investigadores, en científicos, luchadores y por tanto, en dueños y señores de todo aquello que la mente y el cuerpo pueden obtener por si mismos.

Aunque la voluntad no es el único ingrediente para la Magia, si es un ingrediente indispensable.
En los momentos difíciles, cuando me sentía agotado y caía, era burlado e insultado por mi guía.
En la última mitad del proceso, cuando sentía desfallecer, era insultado aun peor, pero ya no por mi guía, sino por mí mismo y no llegaba a caer. Así me hice más fuerte.

Un mago victima de la pereza se estanca en la brujería y baja hechicería y cuando tiene un poco de suerte no llega a nada. Siempre carecerá de sabiduría y experiencia pues no tendrá fuerza para buscarlas.

A mayor intensidad en lo que hacemos, más experiencias vivimos y más rápido avanzamos.
Yo me deleitaba observando a mi gurú en su labor por la humanidad y me esforzaba por imitarlo.

La combinación de la magia con las artes marciales incrementan poderosamente la inspiración y los resultados: más voluntad, virtudes y desarrollo de facultades suprasensibles.

Entre la hierba y como una fiera, mi maestro terrenal atravesaba las intransitables espesuras montaraces, viajando de una a otra montaña, como si pudiera aparecer y desaparecer. Mientras tanto yo arropaba con mi voz el infinito vacio bajo y entre nuestras boscosas montañas. Él se convertía en ave.

Cuando aprecias todas esas cosas, se te inflama el corazón y sientes que eres capaz de todo y te das cuenta en ese instante divino, que la realidad es tuya y solo para ti y que está abierta a tus ojos que alucinan, después del mágico momento en el que abriste toda tu alma para recibirla.

Tal como una ardilla que subiendo presurosa un tronco vertical, se burla de la gravedad, caminando cabeza abajo como si no lo notara, así a mi maestro terrenal le vi subiendo por gruesos troncos de más de diez metros de altura, valiéndose solo de las garras de sus manos y de los dedos de sus pies, como si un espíritu infernal se hubiese adueñado de su cuerpo.

Con lo primero que me enseño a trabajar fue con el Elemento Aire.

Me enseñó muchas y muy potentes técnicas de respiración pues, entiendo ahora, que para dominar cualquier cosa hay que estar muy ligado a ella.

“En el Aire está el Espíritu de Vida”, me explicaba. A esto yo le agrego: “y de la Tierra nace el Espíritu”. Ojalá algún día llegues a entender esta frase.

El control del Aire, de las nubes, de las tormentas y centellas, decidí aprenderlo a plenitud.

Él no había olvidado la investigación teórica que me ordenó hacer, por tanto no me enseñaba nada de lo que yo no tuviera bases conceptuales según las fuentes que me había indicado.

Mi guía jamás se detuvo a explicarme como dominar los elementos. Esto lo fui aprendiendo a medida que mi fe en lo sobrenatural, iba creciendo y paralelamente a mi capacidad de ligarme con ellos, lo cual se me hizo fácil pues lo practicaba desde muy niño y de forma intuitiva.

“El secreto está en la sabia respiración, sabia ingesta y sabia percepción”, me repetía frecuentemente y yo, frecuentemente, pensaba haber entendido esto. Hoy solo comprendo que es tan profunda y perfecta esta clave, que basta seguirla para convertirse en un Dios.

Muy pocas veces me permitió presenciar sus prácticas, pero esto me bastó para comprender su esencia e igualar sus resultados.

En nuestro refugio, cada quien fabricó su cama con piedras. La cabecera de cada una representaba algún elemento significativo según la elección del que dormiría en ella.

La función de estos lechos era la de pistas de despegue y aterrizaje astral y ginas. Los primeros consisten en separarnos de nuestro cuerpo físico con nuestro cuerpo astral – como una pequeña muerte -, y los estados de ginas consisten en hacer vibrar nuestras moléculas a una frecuencia específica, tal que, nos haga penetrar con nuestras carnes dentro del mundo inmaterial. Estos últimos son los que usaron en la Europa medieval tantas brujas y magos negros para causar terribles males.


Recuerde que si no especifico las prácticas realizadas es por dos motivos:

  1. Esto corresponde al libro “Misterios Mayores”
  2. Declaro que las claves de este libro serán descubiertas solo en la práctica. Ningún analista podrá poseerlas por medio del estudio.

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