
Este otrora sifrinito valiente se acobardó cuando salió a la puerta. Había una brisa helada y llovía a cantaros en aquel ennegrecido ambiente turbio por la neblina casi nocturna.
“¿Dónde queda eso?”, pregunté, mientras anhelaba estar en mi alcoba viendo televisión desde mi camita caliente arropado con diez cobijas.
Volví a la húmeda y fría realidad cuando un relámpago casi me cae en la cabeza. Los ríos de agua que llegaban a mis rodillas eran buenos motivos para dejar eso para otro día, pensaba.
Estando en el autobús, Augusto señalaba a través de los vidrios empañados diciéndome: “Allá, entre aquellas montañas, está”
Llegamos a unos inmensos estacionamientos abandonados que se elevaban ante mi vista como enormes escalones o valles que se perdían a lo lejos. Parecían espejos enormes que reflejaban las gotas de lluvia y el cielo negro. Como un puente infinito, los atravesaba una delgada escalera techada en ruinas, por las cuales debíamos caminar.
Después de subir y subir, observé al final del tenebroso sendero, una pequeña silueta bajo la luz de la luna.

Era un pequeño hombre. En sus ojos estaban los sistemas solares y en su voz estaban los bosques impenetrables y las profundidades del mar. En su cuerpo vi el dolor que causa la humanidad a quienes luchan por ella.
A pesar de esto, me acobardé ante la idea de sufrir lo mismo que él, así que solo me quería marchar. Ya no me interesaba tanto la venganza antes mencionada.
Cuando terminamos de hablar, bajé casi corriendo las escaleras y le dije a mi compañero que ese hombre estaba totalmente loco. Hablaba mi mente, me frenaba mi corazón. El calló y poco tiempo después se mudó a la ciudad de donde yo vine a esta.
A finales del año 1999 sentí deseos enormes de volver a ver al misterioso personaje, así que fui muchas veces al mismo sitio pero no lo volví a ver.
Así como quien se siente ofendido y no os recibe en su morada sino horas después, cuando os canséis de tocar a su puerta y deis el primer paso para iros, así mismo aquel maestro respondió a mi urgencia siete meses después cuando estaba dispuesto a rendirme.
Sin buscarlo, un buen amigo de quien en todo esto me metió se cruzó en mi camino y sin pedírselo me dio razón del paradero de aquel a quien yo requería. No lo podía creer.
Ese mismo día llegué al lugar. Un antiguo estadio deportivo. ¡Qué desesperación! Allí había no menos de cuatrocientas personas. “¿Cómo haré para que este hombre me tome en cuenta?”. “Ni se acordará de mí”. ¡“Pero que imbécil fui!”. “Yo tuve la oportunidad de ser el primero”. Pensé.
Mi objetivo no era aprender Kung-Fu, como todos los que allí estaban. Aunque mi deseo de venganza se había ido, no había sucedido lo mismo con el llamado que llegaba desde lo sobrenatural.
Dejé de pensar y levanté mi vista. A lo lejos, ya no eran los rayos lunares sino las doradas radiaciones de las 4 de la tarde las que bañaban a contraluz la figura pequeña del gran ser.

Subió las gradas hasta donde yo me hallaba: en lo más alto. Antes de saludarme miró, con lástima y desdén, a la multitud que le saludaba y veneraba.
¡Momento jocundo y de esperanzas cuando me extendió su mano! Y aún tomados de la mano volvió a mirar a la multitud de jóvenes que le seguían. Allá, quienes se partían el alma entrenando Kung-Fu a porfías por sobre salir. Más acá, estos aglomerados a su alrededor tratando de ser útiles, todos intentando sobresalir ante la vista de aquel, cuya mirada profunda y melancólica, se volvió a mí diciendo: “solo para hacer bulto y escándalo me sirven estos. Ya sabes que muchos son los llamados y pocos los elegidos”.
Lamentablemente, el orgullo era muy fuerte en mí por lo que soltó mi mano con cierto desprecio y me remitió a uno de los “jefes de célula” para que tomara mis datos y me explicara el proceso que llevaban.
¡” ¿Pero cómo me mandas con esos títeres inconscientes y vulgares?”! ¡”Es ridículo: ser alistado por un mono que nada conoce del verdadero proceso”! ¡”Que idiotez: quedar al mando de un bípedo irracional que pronto habrá cambiado todo esto por unas cervezas, pues no es este su lugar”! ¡”Que indignante es que autorices a los que ven televisión y juegan futbol para que dirijan a quienes luchamos por descubrir los misterios del universo, mientras tanto”! ¡”Y peor aún: me mandas a formar parte de un falso proceso, como bien sabes que sé”!, pensé en ese momento.
En vez de irme, opté por quedarme y hacer de las mías. “No importa si todo esto es un juego. Debo reconocer que hay mucha gente y debe ser bueno dirigirles. Llegaré a la presidencia. Después de todo hay gran cantidad de jovencitas muy bellas”, pensé. No era yo ningún santo, ni quería serlo.
En poco tiempo me gané la admiración de todos. Estaba listo para ser elegido como presidente pero, el único que podía impedírmelo, lo hizo.
Era obligatorio para mí, tomar medidas drásticas si no quería dejar ir tal cantidad de senos y vaginas. Aplasté al director de planificación y ocupé su cargo.
El falso proceso escandalizaba a la ciudad con el fin de atraer la atención de quienes vibraran en la frecuencia esotérica y marcial. De entre los cientos que llegaban a nuestras bases, escogíamos muy pocos: a los mejores.
Pronto iniciaríamos los trabajos herméticos donde solo participarían los pocos seleccionados. Pero antes de cerrar nuestras puertas, el maestro quiso realizar un último llamado que llegara a todo el país.
La estrategia que acordamos entre todos fue constituir una Organización No Gubernamental (ONG) llamada *******, y elaborar un proyecto educativo revolucionario que presentaríamos al Gobierno de Venezuela y a la oposición, con lo cual esperábamos tener acceso a la mayoría de los planteles educativos del Estado.
Se acercaban las elecciones, el partido ******* tenía la gobernación de Mérida. El Movimiento *******, amenazaba con aplastar al oficialismo. ¡Enhorabuena! Eran nuestros aliados!
La demagogia gobernante no hubiese querido bajo ningún motivo decepcionar a más de cuatrocientos jóvenes huracanadores a vísperas de las elecciones.
Preparamos falsos soplones que informaran al gobierno de *******, de nuestras movidas y planes. Les dejábamos saber solo lo que nos interesaba que supieran: que si no cooperaban con nuestros propósitos apoyaríamos con todas nuestras fuerzas a quien ya apoyábamos, al Movimiento *******
Así pues, fue aprobado casi de inmediato nuestro proyecto sin haber sido estudiado a fondo. Si lo hubiesen revisado mejor, ni lo hubiesen tomado en cuenta: era un proyecto multimillonario. Por esto, fue reprobado mas tarde. Esto fue motivo de brindis. ¡Habíamos conseguido lo que realmente buscábamos! Por supuesto, no era lo que todos esperaban, sino lo que buscábamos los miembros de inteligencia y contrainteligencia.
Ese incumplimiento del gobierno, destruyó las ilusiones de cientos de jóvenes cuya indignación y furia sería el material para crear el escándalo del momento, con la peor humillación sufrida por gobierno alguno en nuestro Estado.
Las multitudes aglomeradas en la Plaza Bolívar y en los alrededores de la casa de gobierno, se peleaban por ver lo que ocurría: telarañas humanas formadas por niños autorizados por sus padres, apresaban policías y guardias quienes no los podían tocar por su condición de infantes.
Jóvenes menores de edad hacían cadenas que bloqueaban cualquier entrada o salida del palacio de gobierno. Otro grupo más especializado tomó todas las salidas y pasadizos secretos. Y otros invadimos el lugar en busca del gobernador.
Así pues, un grupo de niños secuestramos la Gobernacion con el único objetivo real de aparecer en todos los medios de comunicación y enviar un mensaje superficial con un llamado subliminal que atraería solo a quienes tuviesen cierto nivel de consciencia. Ese fue nuestro último llamado público.
Retirados todos en la Hechicera, se hizo la selección. Solo 24 fuimos elegidos. Los demás se fueron llevando consigo, solo sus sueños destrozados de lanzar rayos por los ojos, hipnotizar mujeres a distancia, materializar cualquier vestido de la tele, levantar faldas con un soplido, correr por las avenidas a la velocidad del sonido, etc.
Este final triste para la mayoría, trajo dudas, intrigas, calumnias, difamación y acciones en contra del pequeño grupo restante. Aparecieron de todas partes, jovencitos presuntamente acosados sexualmente por el Maestro y otros que hablaban con mentiras de las prácticas y ritos que, queriendo, nunca hicieron.
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